Ahora que recibí el Seminario Intermedio, primero tenía miedo al compromiso de aceptar inscribirme y lo que siguiera o estuviera por venir. Cuando yo empecé a asistir al Centro con frecuencia, pronto acepté la adicción de mi esposo y decidí internarlo y él estuvo en tratamiento de clínica por cuatro meses. yo tenía estabilidad laboral y económica, pero la salud mental no era buena y ni él ni yo aceptábamos. Además en ese momento faltaba poco para concluir con un negocio donde había trabajado más de 20 años con mis padres. Justo en ese momento decidí inscribirme al Seminario.

La separación de mis padres aún me inquieta porque aún cuando ya tengo más de 4 años de casada no logro separarme ni tres días de ellos, estos sentimientos se agudizaron mientras esperaba el Seminario Intermedio y hasta esa fecha sufría cambios y mientras tanto yo sin estar lista para recibirlo. Mi mente estaba muy confundida, no encontraba serenidad ni paz, mi alegría se fue apagando. Estuve deprimida, los 3 meses antes del Seminario Intermedio, bajé de peso 6kg. o quizá más, cada vez que tocaba mi cabello se me quedaban hasta 4 cabellos en la mano, pero lo más preocupante para los que rodeaban era mi sonrisa, estaba desapareciendo de mi rostro. Hubo momentos en los que me agobiaban pensamientos muy negativos como sospechar de una recaída en la salud de mi esposo y llegaba a entorpecer todo mi pensar del día, si mi niña me pedía jugar con ella eso me molestaba y cedía mis obligaciones de madre a mis padres.

Yo siempre sonrio; si tengo vergüenza, si me asusto, si estoy nerviosa, si saludo, casi todo el tiempo estoy sonriendo. Pero en aquel tiempo ya no lo hacía, no tenía ganas y casi no encontraba motivos para hacerlo, casi nada me agradaba. Mi entorno era un caos, ahora me da pena decirlo; la casa era un desorden, polvorosa y con mugre acumulada en el fregador, en los botes de la ropa sucia, cosas fuera de su lugar, el piso podía pasar hasta 2 días sin barrer. Las ganas de comer se estaban extinguiendo, todos me estimulaban para comer, mi esposo y mis papás casi me daban el plato en la mano y me sentaban a comer. Solo quería estar donde me sentía segura protegida y tal vez también atendida en casa de mis padres y en la calle pero en su compañía. En una ocasión le platiqué a un Misionario cómo me sentía, entonces me dijo que al parecer estaba muy enojada y no confiaba en mí. Por muchos días recibía Purificación y terminaba llorando cada vez que recibía. Una ocasión cuando estaba recibiendo en el punto 8 tuve deseos de renegar y abrir los ojos, gracias a Dios no los abrí y pude continuar recibiendo con humildad.

Originalmente soy muy emprendedora y hábil para iniciar negocios, pero durante el tiempo que estuve inscrita para tomar el Seminario Intermedio no tuve ganas de producir y andaba por la vida arrastrando una gran carga sin deseos de transmitir Purificación y tardé más de 3 años para animarme a cantar Amatsu-norigoto sin la hoja donde está escrita y sufría de mala memoria. También me costó mucho esfuerzo completar mi compromiso económico para el Seminario, el Misionario me dijo que yo estaba pasando por un proceso de Misogui-jarai severo, ya que tenía que hacer más esfuerzo para agradar a Dios. Una semana antes, trabajé muy duro con esfuerzo y gratitud para Dios y Dios-Izunome, al final, un día antes completé el dinero hasta las 7:45 p.m., antes de cerrar el Centro.

Por unos meses me quedé sin un papel notariado que era la prueba de un fraude que sufrimos mi esposo y yo, un día antes de hacer el Seminario Intermedio regresaron esos papeles importantes a mis manos. También ese día pude tomar la decisión de buscar orientación para solucionar nuestros problemas. (ahora mi caso ya lo lleva un abogado y me dio esperanzas.) Mi meta de ese día era llegar al Centro antes de que cerraran y ofrecer a Dios la última parte económica que me faltaba para mi Seminario. Para poder llegar a tiempo al Centro esa noche corrí más de cuatro cuadras y llegué feliz, contenta y lo más importante justo a tiempo, para dar gracias a Dios, a Dios-Izunome y a recibir Purificación para estar lista al siguiente día.

Justo el día que iniciamos con el Seminario la sonrisa regresó a mí, durante los tres días del Seminario, sentí una gran tranquilidad, serenidad y alegría de vivir y ahora todo me parece menos imposible, estoy bien con mi salud y estoy empezando a ser la misma mujer emprendedora, alegre de antes. Mi esposo está trabajando todos los días acepta su enfermedad y yo también mis preocupaciones y juicios ya se los encargo a Dios. Mi hija sufría de asma, en cuanto yo puse mi mente y corazón en orden y me dediqué a dar purificación con amor para ella el asma desapareció; hoy mi hija ya no recibe nebulizaciones y hace más de un año que ya no toma medicamentos, esta primavera ya comió nieve y helados, fue a la playa y también bañarse al río sin llegar esos días a enfermarse. Todos los días doy gracias a Dios por su Luz, Guía y Protección divina. Muchas gracias.

Miembro en México, Colima

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