El Monte Fuji, en Japón, se ve muy bonito desde lejos, por lo que se le llama el Monte Espiritual de Fuji. Pienso que a todos los japoneses les encantaría subir por lo menos una vez a la vida.
El Monte Fuji puede ser la metáfora muy clara de la vida humana. Es decir, el vivir contiene no sólo la diversión sino también muchas cosas severas y penosas.
Nadie podría llegar a la cima del Monte Fuji sin que se presenten muchos obstáculos. Tenemos que esforzarnos para adelantar paso a paso por nuestro propio pie para llegar a la cima empinada. Es igual que nuestra propia vida, no hay reemplazo.
El Monte Fuji tiene varias entradas para subir. Especialmente hay tres entradas principales. Se llaman la entrada de Gotenba, Fuji-Yoshida y Fujinomiya. Cada una tiene la particularidad respectiva. Según cuál entrada elige el camino se cambia. Uno es corto pero empinado, otro largo pero suave, etc.
La manera de subir varía también. Uno sube lentamente tomando mucho tiempo, otro sube rápidamente eligiendo el camino duro. La cima es única. Todos llegan al mismo punto aunque el camino hacia ahí es diferente.
De la misma manera, varía el modo de vivir también. Vivimos la vida limitada al propio modo. Al igual que el alpinismo del Monte Fuji, muchos suben a su manera desde distintos ángulos.
Pues no solamente el camino en el que usted sube es correcto porque el destino es igual para todos sin importar cuál escoge uno. Nadie tiene el derecho de criticar la vida de otros.
Uno tiene que subir a su manera caminando paso a paso desde su propia entrada. Debe de admitir el camino de otros y tratar de alcanzar la misma cima. Sin superar la dificultad no se emocionaría a la llegada de la cima.
Ahora, en este momento, todos estamos en medio de la vida parecida al alpinismo del Monte Fuji.

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